Hoy, 7 de abril, es la fecha en la que los autónomos podrán empezar a presentar su declaración de IRPF e incluir todas las ayudas por cese de actividad y también las autonómicas que percibieron en 2020.

A partir del 7 de abril, comienza el plazo para presentar la declaración del IRPF del año 2020 y más de 1,5 millones de trabajadores por cuenta propia deberán incluir en ella todos los ingresos que hayan obtenido, incluidas algunas ayudas.

La mitad del colectivo percibió alguna de las modalidades de prestación por cese de actividad: ya sea la extraordinaria, o la actual prestación ordinaria extraordinaria (POECATA). Hasta hace poco no quedaban claras las implicaciones fiscales de estas ayudas, ya que ninguna de las normas en las que han estado reguladas especificaban nada sobre si estaban o no sujetas a tributación.

Por ello, una de las dudas que tendrán que resolver los autónomos es si la prestación por cese de actividad que puso en marcha el Gobierno desde el pasado mes de marzo tributa o no. De momento, el cese de actividad deberá tributar en el IRPF y además lo hará en el bloque de rendimientos de trabajo.

Se incluirán todas las prestaciones percibidas hasta diciembre

De esta manera, los autónomos deberán incluir en la declaración del IRPF, aparte de los rendimientos de su actividad, las prestaciones que les pagó su mutua entre marzo y diciembre de 2020 como rendimiento de trabajo. Esto, en algunos casos, podría suponer más de 6.000 euros a incluir en la RENTA -en el caso de que el trabajador por cuenta propia cotice por la mínima y haya estado acogido durante los nueve meses al cese de actividad-.

Al igual que la prestación ordinaria por cese de actividad de los autónomos, la prestación extraordinaria por cese de actividad es una prestación del sistema de protección de desempleo.

Se espera que la propia entidad pagadora – en este caso la mutua- envíe pronto a los autónomos, previamente al inicio de la campaña de presentación de la declaración, un certificado de retenciones en el que constarán las cantidades totales recibidas durante el ejercicio. Por tanto, no procede reflejar estos ingresos en el libro registro de facturas emitidas y tampoco incluirlos en el modelo 130 de pagos a cuenta del IRPF.

¿Qué ocurre con las cuotas devueltas o exoneradas?

Las ayudas por cese de actividad han ido acompañadas de exoneraciones en la cuota de autónomos. En este caso no habría que tributar por este dinero porque es un importe que ni se ha pagado, ni se ha recibido.

Otra cuestión sería la devolución de las cuotas, que es diferente a la exoneración, porque en este caso el autónomo sí paga su cuota mensual. En este caso, si el autónomo se deduce el gasto de la cuota que pagó, también tendrá que imputarse el ingreso.

Aún con todo, al considerarse dicha prestación como un rendimiento de trabajo, según los expertos consultados, está sujeta a una reducción automática de 2.000 euros. Lo que quiere decir que se comienza a tributar a partir de esa cantidad.

De este modo, los autónomos que coticen por la base mínima y sólo hayan percibido durante dos meses el cese de actividad, técnicamente, no tributarían por esta ayuda, ya que habrán cobrado menos de 2.000 euros por este concepto. Y en caso de que hayan cobrado, por ejemplo 3.500 euros en concepto de dicha prestación únicamente tendrán que pagar impuestos por los 1.500 euros de cese de actividad que sobrepasan la cantidad máxima de exoneración.

Las subvenciones ofrecidas por las comunidades autónomas como ayuda a la caída de ingresos deben de tributar, pero no irían por rendimientos de trabajo, sino de actividades económicas.

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