Parece ser que el 2021 va a traer consigo muchos cambios, y entre ellos se encuentran las nuevas tendencias del consumo y los nuevos hábitos de los consumidores.

La llegada de la pandemia a nuestras vidas marcó un antes y un después en muchos aspectos sociales, y el consumo no ha quedado fuera de esta influencia. Puede ser que los cambios se vayan incorporando sin que apenas nos demos cuenta, pero las modificaciones están implantándose y la forma de comprar también está variando.

Factores de cambio motivados por la pandemia

La pandemia ha tenido mucho que ver con esos cambios en las tendencias del consumidor. De hecho, el confinamiento domiciliario que vivimos en primavera de 2020 hizo que algunos productos se convirtieran en los reyes del mercado cuando antes nunca habían estado en los primeros puestos de nuestras listas de la compra. A modo de ejemplo sirva los productos para practicar deporte en casa, que sufrieron un desabastecimiento inmediato ante la alta demanda de los consumidores.

Tras los primeros meses de la pandemia, y con la vuelta de todos a la relativa “normalidad”, fueron muchas las necesidades que habíamos descubierto al quedarnos en casa. Grandes empresas comercializadoras de productos para el hogar se vieron beneficiadas, ya que, al pasar mucho más tiempo en casa, nuestro hogar requería de una mejora en el acondicionamiento. Las ventas de mobiliario (sofás, lámparas, sillas, mesas, etc.) que nos hicieran la vida doméstica más cómoda se dispararon, y eso fue una de las muestras de cambio que trajo consigo la pandemia.

Lo mismo ocurrió con el teletrabajo, cuando gran parte de la población ha optado por esta modalidad, ha requerido de material específico para poder desempeñar su actividad laboral desde casa. Mobiliario como sillas ergonómicas, mesas donde poder trabajar durante horas, se han sumado a la compra de ordenadores y equipos tecnológicos que permitieran crear tu propia oficina en casa.

Por el contrario, los hábitos de consumo se modificaron también perjudicado a otros sectores que vieron la peor cara en esos momentos. El ocio, el turismo y la hostelería vivieron sus peores horas, y a día de hoy, no han logrado levantar cabeza. El mercado de los combustibles y la automoción sufrieron las primeras consecuencias ante la inmovilidad de la población, lo que se reflejó en la bajada de ingresos. El sector textil y del calzado nunca había caído a cifras tan bajas, nadie renovó su vestuario durante esa temporada. Y estos son solo algunos de los ejemplos de la influencia en el consumo durante este periodo.

Nuevas tendencias

Puede que el término esté muy manido pero la necesidad de la digitalización se nos ha echado encima, si previamente a la crisis de la COVID-19 éramos conscientes de que este proceso debía de llevarse a cabo, ahora es un tren que ha arrollado a muchos negocios.

Las compras online no se inventaron con el confinamiento, pero sí se dispararon de forma brutal debido a la necesidad. A partir del mes de marzo, cuando nos tuvimos que quedar en casa obligatoriamente, las búsquedas de productos a través de Internet crecieron como la espuma. La facilidad de poder comprar desde un dispositivo electrónico, y que la compra llegara a casa sin tener que movernos, fue la solución más eficaz para muchos consumidores. Bien es cierto que no se inventaba nada nuevo, pero la cifra de consumidores que realizaban sus compras por estos medios iba creciendo día a día y son muchos los que se han habituado a seguir con este método de compra que se originó en muchos casos debido a la nueva situación.

El uso de la tecnología está siendo un catalizador en el cambio de los hábitos de consumo.

La moraleja de esta nueva tendencia es que o los negocios deben estar digitalizados, o si no quieren quedarse atrás. El hecho de que sus competidores faciliten las compras a sus posibles clientes hará que aquellos que no hayan dado el paso se queden fuera de juego. 

El perfil del consumidor ha cambiado

Igual que la forma de comprar ha ido cambiando con el tiempo, el perfil del comprador también se ha modificado. Si tuviéramos que dibujar un boceto de cómo está evolucionando el consumidor, podríamos reflejar a un consumidor más prudente y responsable.

Actualmente las compras se hacen de forma más planificada, siendo muy consciente de lo que supone ese gasto en la economía doméstica y la influencia que puede tener. Sobre todo, se planifican especialmente las compras en determinados sectores como la alimentación o la limpieza del hogar.

Otra de las características que se puede ver reflejada es que el consumidor se ha vuelto más ahorrador y se ha sensibilizado ante los precios y las promociones que le permiten ahorrar. Suelen elegir muy bien los comercios donde realizan sus compras y esperan los momentos propicios en los que las ofertas les pueden beneficiar. Están atentos a las promociones que fidelizan las grandes cadenas y no las dejan escapar. Campañas como “Días sin IVA”, “3×2” o “Segunda unidad a mitad de precio” son los grandes reclamos que no pasan desapercibidos, y que bien planificados logran que las cuentas salgan a fin de mes.

Ese ahorro, que siempre es bienvenido, ahora se puede considerar más necesario que nunca, ya que la incertidumbre de la situación, con una economía debilitada y muchos puestos de trabajo inciertos, o incluso desaparecidos, no permite comprar tan alegremente como lo hacíamos antes.

La reducción del consumo

Otro de los aspectos que también se ha modificado es que el consumo de los hogares ha descendido, y esta nueva tendencia depende de diferentes factores. Por un lado, hay consumidores que voluntariamente han decidido consumir menos ante una situación incierta, estos continúan conservando su empleo, y sus ingresos no han descendido, pero ante el temor de lo que pueda llegar a ocurrir, deciden medir mucho sus gastos y los reducen de forma drástica. Prefieren mantener altos sus ahorros por lo que pueda pasar, a pesar de no necesitarlos de inmediato.

Existe otro tipo de consumidor que está en el otro extremo. Es aquel que ante la pérdida de empleo o poder adquisitivo, no puede permitirse los gastos que había tenido hasta el momento, y su mala situación económica le conduce a gastar lo mínimo posible para salir adelante. Sus compras son de primera necesidad y se dedican especialmente a los recursos imprescindibles (alimentación, suministros domésticos, etc.).

Existe un tercer grupo que incluye a aquellos que no pueden consumir por las restricciones sanitarias a las que estamos sometidos, nos referimos a aquellos que pudiendo permitirse determinados gastos, no los pueden llevar a cabo no por propia voluntad, en este caso hablamos de los que destinaban sus gastos al ocio, viajes, hostelería. La incapacidad de poder consumir en estos sectores hace que el gasto se retenga involuntariamente.

Un consumidor cada vez más exigente

Lo que es evidente desde hace tiempo es que el consumidor se ha vuelto cada vez más exigente, y eso no es malo, ya que hace mejorar al comercio en busca de superación para poder satisfacerle.

Las compras ya no se realizan como antes, el comprador explora el mercado, ya sea online, o físicamente, para detectar aquello que le puede beneficiar, bien económicamente (ofertas, promociones) o cualitativamente. Esto hace que las compras no sean inmediatas sino reflexionadas para obtener lo mejor posible al mejor precio.

Este aspecto afecta tanto al pequeño como al gran comercio, el consumidor actual no se conforma con cualquier cosa, y valora los lugares donde esas transacciones son fáciles, y resolutivas, penalizando a aquellos donde no ha quedado satisfecho, ya que la oferta es muy amplia y se pueden permitir el lujo de hacerlo. A ello hay que añadir que este perfil actual de consumidor también está mejor informado sobre sus derechos, y en caso de verlos dañados va a reclamarlos. Tiene muy claro lo que quiere y es complicado tratar de venderle algo de calidad inferior a lo que busca solo para rebajar precio y ser competitivos. Esta exigencia también afecta al tema de garantías, devoluciones, etc. Si no está conforme, devolverá el producto sin preocuparse mucho.

De hecho, el sector minorista está invirtiendo en técnicas para saber quién es el comprador final, anticipándose a sus necesidades, sirviendo como guía para conseguir finalmente el resultado deseado. Ahí es donde reside su ventaja y debe aprovecharla el máximo posible.

En resumen, lo que los expertos llaman Experiencia Cliente, una buena sensación a la hora de comprar es un reto ineludible para seguir adelante, y que conste que no es una opción, sino una necesidad porque en caso de no cuidar este aspecto, nuestro negocio se puede ver seriamente resentido.

Lo mejor de los dos mundos

Y puestos a elegir, ¿por qué no tener lo mejor de las compras físicas y las digitales? Está claro que ambas pueden convivir, de hecho, ya lo hacen y parece que les queda mucho tiempo para ir de la mano. Aprovechar lo mejor de ambas es una estupenda ventaja para el consumidor, cada una de ellas cuenta con fortalezas e inconvenientes, pero ahí entra en juego la inteligencia del consumidor para aprovechar lo que le venga bien en cada momento.

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