Hay una fecha clave que nos cambió la vida a todos, y esa fecha fue el 14 de marzo, cuando se decretó el estado de alarma. La actividad empresarial se paró por completo, lo fundamental era recluirse para colaborar en frenar una crisis sanitaria, y muchos empezamos a teletrabajar, pero, ¿qué ha ocurrido con la conciliación?, pues que hemos suspendido.

Ese punto vital nos marcó un antes y un después en la forma de trabajar, sociabilizar, relacionarnos, en fin, de entender el mundo. Y entre todas esas cosas que se propuso como solución para muchos, o al menos para una gran parte de la sociedad, llegó el teletrabajo como medida inmediata para que algunas empresas pudieran continuar funcionando y no pararan por completo.

Durante estos meses no hemos parado de escuchar ese frase tan manida: “el teletrabajo ha llegado para quedarse”, y en algunos casos ha sido la solución para poder sostener puestos de trabajo que han podido realizarse con éxito desde nuestros propios hogares, y han demostrado que se pueden mantener en el futuro inmediato. ¿Pero el teletrabajo es compatible con las labores de paternidad?

La teoría es perfecta, pero ¿qué dice la práctica?

Si buscamos una definición de lo que significa teletrabajo sería la siguiente:  “El teletrabajo, o trabajo a distancia, permite trabajar en un lugar diferente a la oficina. El trabajo se realiza en un lugar alejado de las oficinas centrales o de las instalaciones de producción, mediante la utilización de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TICs).”

Hasta ahí todo parece cuadrar, pero hasta ahora no hemos mencionado un elemento de la fórmula magistral que hay que añadir durante estos meses en los que las aulas también se han clausurado: los niños.

Y llegó la hora de hacer malabarismos

Con estos elementos en juego todo salta por los aires, y la conciliación se hace imposible. Empecemos por los espacios disponibles en una vivienda habitual en la que es muy complicado encontrar un pequeño espacio para lograr aislarse durante unas horas para dedicarlo exclusivamente al trabajo. En muchas ocasiones este aspecto supone el primer escollo para poder desarrollar una jornada de teletrabajo. Generalmente las viviendas suelen ser muy reducidas y compartir, durante tanto tiempo, ese espacio requiere de una intendencia propia de profesionales.

Los medios económicos también han marcado diferencias en este aspecto. Hogares con menos recursos en los que no existe más que un ordenador para toda la familia que deben compartir niños y adultos para realizar sus tareas se lo ha puesto muy difícil. Y es que el confinamiento no está resultando igual para todos.

Otro de los obstáculos pasa por la complicación de compatibilizar los horarios laborales con la paternidad y la maternidad. En algunos casos, aunque excepcionales, algunos trabajadores han conseguido desarrollar sus jornadas en horarios diferentes a los habituales para dejar libres las horas en las que tienen que atender a sus hijos.

Los deberes y las clases online para niños y adolescentes son ahora una obligación, pero esto no siempre con resultados satisfactorios. Esa obligación ha recaído en muchos casos como una losa para los padres que además de su trabajo, requieren dedicar atención y ayuda a sus hijos en las tareas escolares, sobre todo cuando estos son muy pequeños. La dificultad entonces se hace mayor, apenas se sacan horas para poder aislarse y dedicar toda la concentración a la tarea de la jornada laboral.

Y en el mejor de los casos, la situación se ve algo aliviada cuando son dos los miembros de la familia que pueden ocuparse de los menores. En el caso de las familias monoparentales, el circo de tres pistas se pone en funcionamiento con un resultado en el que las fuerzas de actuación cuentan con menos recursos y la conciliación salta por los aires.

El teletrabajo funciona

España es uno de los países en los que el teletrabajo está poco implantando, pero eso no quiere decir que no sea efectivo. De hecho los primeros programas de grandes empresas nacionales con un número elevado de trabajadores que implantaron esta disciplina laboral, ofreció unos resultados muy satisfactorios, y no solo a nivel laboral, sino también emocional. Los empleados que solicitaron por voluntad propia este formato de trabajo, declaraban aprovechar el tiempo de una forma más útil que la presencial y con menos estrés debido al ahorro de tiempo en los desplazamientos, y la tensión generada por este motivo en ciudades grandes con mucho tráfico como Madrid o Barcelona.

El gran problema es que esa fórmula no va a ser posible de momento, ya que parece ser, con los datos que tenemos hasta ahora dicen que las aulas han dado por cerrado el curso actual y que a esto se suma que las actividades que se ofrecen habitualmente en el periodo vacacional no tienen visos de que se puedan celebrar este verano al menos tal y como solían ser. La tabla de salvación para los padres desaparece durante los próximos meses.

Tampoco se podrá acudir al comodín de los abuelos, solución muy socorrida para muchísimas familias que no encuentran otra posibilidad de conciliar. Este año el peligro del COVID-19 mantendrá alejados lo más posible a las diferentes generaciones familiares.

¿Y este verano qué hacemos?

Está claro que la pregunta está sobre todos los hogares en los que hay menores. El virus ha puesto a las familias contra las cuerdas en este sentido. De momento todo está en aire y se trata de una carrera contra reloj porque las semanas se van echando encima y no existe una solución para dar respuesta esta pregunta.

El horizonte más próximo sitúa a muchos trabajadores incorporándose a sus puestos de trabajo, pero sin encontrar un sitio donde poder dejar a sus hijos. Ya hay plataformas y asociaciones que lanzan peticiones urgentes al Gobierno para que se pueda encontrar la fórmula que permita encontrar medidas inmediatas al respecto.

Ante este panorama el Colectivo Campamentos de Verano ha pedido, mediante un manifiesto, llevar a cabo su actividad con la mayor normalidad posible haciendo un especial hincapié en la prevención higiénico-sanitaria. Reclama un calendario de adaptación para que todo el sector y que las familias puedan conocer con la mayor anticipación posible la situación que se van a encontrar este verano. Igualmente, el colectivo ha mostrado su apoyo y predisposición para poder facilitar el proceso de desconfinamiento y ayudar a las instituciones, familias y entidades del sector a que esta situación sea lo más factible, segura, cómoda y real posible.

Pero la última palabra sobre la celebración o no de los campamentos de verano depende de Sanidad, y el departamento de Salvador Illa no tomará una decisión hasta ver la evolución de la pandemia.

Ante la incertidumbre de este panorama las familias lo tienen difícil, porque a ello hay que sumar que son muchas las unidades familiares que aunque han mantenido su puesto de trabajo, sus jornadas se han reducido, y los ingresos han mermado de forma importante, y aunque hubiera opción y se diera vía libre a las actividades de verano para los niños, no se lo podrían permitir.C onfiamos en que las soluciones lleguen lo antes posible para aliviar la situación.

Otra de las preocupaciones principales llegado el momento es que, aunque se permitan los campamentos, las medidas de seguridad requeridas, como una limitación de aforo muy pronunciada, los imposibiliten en la práctica.

Problemas de la conciliación laboral durante la pandemia

Lo que dice la ley

Si nos atenemos a lo que promulga la ley con respecto al apartado de la conciliación, éstas son algunas directrices para que los trabajadores puedan cumplir con las obligaciones familiares derivadas de la promulgación de las medidas gubernativas adoptadas.

• En primer lugar, permite la adaptación de la jornada laboral del trabajador cuando acredite que debe hacerse cargo del cónyuge, pareja de hecho, o un pariente hasta el segundo grado de consanguinidad que precise de cuidados familiares como consecuencia del COVID-19. Si bien se trata de una medida prevista con carácter general, en este caso se adapta a la situación de excepción que se vive. En consecuencia, teniendo presente que la eventual negativa empresarial a la adaptación de jornada supondría un obstáculo inevitable a la efectividad del derecho reconocido, el RDL introduce una presunción mediante la cual la solicitud del trabajador se considerará justificada, razonable y proporcionada salvo prueba en contrario, a efectos de su validez.

La adaptación de jornada consiste en cambio de centro de trabajo, cambio de funciones, cambio en la forma de prestación del trabajo, incluyendo la prestación de trabajo a distancia, o en cualquier otro cambio de condiciones que estuviera disponible en la empresa o que pudiera implantarse de modo razonable y proporcionado.

• Por otro lado también prevé que el trabajador pueda solicitar una reducción de jornada no retribuida con reducción proporcional de salario. La particularidad del texto recién promulgado es que tal reducción puede llegar incluso al 100% de la jornada y requiere de un preaviso de 24 horas únicamente. El RDL señala el carácter más favorable de la adaptación de jornada y pretende privilegiarla por encima de la reducción de jornada, lo cual justifica su regulación especialmente beneficiosa para el trabajador.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies